
LIBERTAD LATINOAMERICANA
Estado-Nación.
Por: Agustín Yañez
En la actualidad se puede observar un importante contraste entre el lugar y la relevancia que se otorga en la sociedad moderna al concepto de Estado-Nación:
Por un lado, existen aquellos que consideran que el Estado, el Nacionalismo, e inclusive el aislamiento del resto del mundo, bajo el escudo de la Soberanía, y del escape al multilateralismo, es la mejor forma de lograr el objetivo de la sociedad; la obtención del bien común.
Otros sin embargo, consideran que las ideas del Estado Nación soberano, son arcaicas, y no satisfacen las necesidades de la sociedad moderna. Presionan dentro de sus Estados, así como frente a la comunidad internacional por una integración paulatina de la sociedad humana.
La radicalización de estas posturas, conlleva sin duda a grandes desacuerdos y desencuentros en todos los ámbitos de la convivencia social. La gran interrogante sería entonces: ¿Por qué camino debe encaminarse a la civilización humana?
El Estado como tal, por tradición es egoísta, busca proteger a los suyos y a sus intereses. Desapegar de ello, para forjar una sociedad humana más amplia, conlleva sacrificar algunos privilegios que ostentan unas pocas naciones y sus habitantes.
No lograr estos sacrificios, o más bien lograr que los países desarrollados compartan lo que tienen con lo que no lo tienen, a la larga derivará en una pobreza mundial insostenible. Claro que no se trata de dar limosnas, se trata de tomar acciones corresponsables entre las diferentes sociedades del planeta, ya que si por ejemplo, se comparte tecnología que reduzca la contaminación, se mejora la vida para todos en el planeta.
No es coherente vivir en un mundo donde algunos tienen mucho de todo mientras que otros tienen poco o nada, donde algunos pocos contaminan excesivamente al mundo en perjuicio de los demás. Es, aunque a algunos no les guste entenderlo o reconocerlo, una realidad que vivimos en un diminuto planeta azul que necesita ser atendido y querido.
La idea detrás de la existencia del Estado-Nación, y en lo que hasta hoy se sustenta, es en la necesidad de las sociedades de garantizar el bien común, pero esto no es posible mientras se escuden algunos Estados detrás de su soberanía en perjuicio de sus habitantes, en servicio de intereses corporativos y políticos.
Quizá una sociedad humana con un solo gobierno sea imposible, incluso utópico, pero indudablemente estamos ya en un momento en la historia, en que se debe asumir responsabilidades de manera equitativa a escala superior que la del Estado Nación, y con ello, otorgar representatividad a los pueblos en la toma de decisiones multilateral que se genere.
Esto ya es posible, la tecnología lo permite, el medioambiente, la pobreza y desigualdad lo exigen. El concepto del legislador representante de las masas, pierde razón de ser, cuando existen redes de comunicación y dialogo permanentes a escala global, debe por tanto, contar la opinión pública internacional como factor de peso en la política, no solo como instrumento de sensibilización, sino como actor principal en el gran teatro del manejo “civilizado” o “civilizador”.
En conclusión el mundo requiere de la integración, pero de manera razonable, tomando en cuenta al individuo y a la colectividad como ejes de sustento, al planeta como un bien insustituible, a la vida en general como un regalo y privilegio, y a la paz y a la concordia como únicos vehículos hacía el éxito.

El gran problema que nos depara a los...
La insistencia es la misma siempre: ...
Me agrada tu propuesta para proteger ...
La vida es sin duda una pequeña exper...
Me parece en extremo acertao el punto...