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Noé Toledo-El Estado-Nación del Futuro-26/01/10

EL MÉXICO PERENNE

El Estado-Nación del Futuro.
Por: Noé Toledo

El Estado-Nación del Futuro.

Antes de iniciar con el propósito de este artículo, la idea de un servidor es la de despejar algunos conceptos que, a fuerza de hacer un ejercicio mental que involucre el discernimiento de algún posible futuro en nuestro país, servirán para mantener una perspectiva más o menos lineal y realista, de algo que puede ser prometedor o aterrador, brillante u obscuro, pero definitivamente nunca seguro; desde luego me refiero al futuro.

 

Primero que nada, empecemos por intentar definir lo que es El Futuro, ya que en la humilde percepción de un servidor este fenómeno temporal, por llamarlo de alguna manera, requiere de una definición con un sentido tripartita.

Si por “futuro” entendemos una serie de sucesos, acontecimientos y situaciones que aún no han pasado, o que están por suceder, entonces obtendremos a grandes rasgos, y sin entrar en mucho detalle, la primera parte de nuestra definición.

La segunda parte, misma que paralelamente se presenta como el anverso de una extraña moneda, será la duración del presente, o lo que es igual, cuánto tiempo deberá de transcurrir para que el “mañana” pueda convertirse en un “hoy”.
Esta segunda parte se antoja de vital importancia, sobretodo si abarca conceptos como el desarrollo y crecimiento del país, o el combate a la corrupción y a la pobreza.

La última parte de nuestra definición, pero no por ello la menos importante, consiste en la probabilidad que tiene un futuro determinado para convertirse en realidad, misma que muchas veces encuentra o intenta buscar sustento en cosas que obviamente aún no se han llevado a cabo, así como de otras que paradójicamente no deberán de suceder.

En otras palabras, cuando usted o yo hacemos un ejercicio fantasioso al respecto de donde queremos estar en un periodo determinado de tiempo, digamos un año, el llegar a la “meta” objeto de nuestro ejercicio mental no sólo dependerá de una serie de actos y sucesos que deberán de ocurrir, sino también de muchos otros actos y sucesos que no deberán de acaecer para que las “metas” establecidas se puedan alcanzar.

Pongamos un ejemplo sencillo:

Si usted, al igual que un servidor, forma parte de ese extenso grupo de personas que, nada más terminan las fiestas navideñas, buscan recuperar la figura que la incesante libación de algún néctar etílico y el desmedido consumo de “amor y unión familiar”, que en la cálida forma de pavo y bacalao nos han hecho perder, usted deberá de plantearse una serie de pasos o métodos que deberá seguir para lograr su objetivo, pero además, también deberá establecer una meta al respecto del tiempo que le tomará a usted lograr los resultados que busca.
Ahora bien, aquí es donde inicia la explicación de la primera paradoja que nos encontramos al querer “predecir” el futuro.

Si usted quisiera perder, digamos, cinco kilogramos de peso, los pasos a seguir que sonarían lógicos para algunos de los interesados en disipar dicha cantidad podrían ser los siguientes:

1.    Primero que nada, comenzar un régimen de alimentos donde se incluya comida “nutritiva” y “sana”.
2.    En segundo lugar, podríamos agregar a la fórmula un poco de ejercicio o un incremento en la actividad de nuestra vida diaria, sobretodo en el caso de personas que lleven una vida sedentaria y cuyo único esfuerzo es el ir al baño y el cambiar de canal en el control remoto del televisor. 
3.    Por último, nos pondremos la meta de perder los cinco kilogramos de peso en un periodo de tiempo determinado, digamos, dos meses.

Una vez realizado este planteamiento, comenzaremos a relacionar este ejemplo con nuestra definición tripartita de lo que es el “Futuro”.

El perder cinco kilos en un periodo determinado de tiempo es un suceso o acontecimiento que aún no ha pasado, ya que atentando contra toda obviedad y sentido común, esto no sería una meta a futuro si ya hubiera sucedido.

Esta es nuestra primera relación.

En segundo término, el que usted y yo hayamos puesto dos meses como límite temporal para lograr perder esos kilitos de más, nos indica que deberán de trascurrir por lo menos sesenta “mañanas”, o lo que es igual a sesenta días, para poder llegar a ese particular día o “mañana” en donde la báscula confirme o niegue el éxito de nuestra faena.

De este punto nace nuestra segunda relación.

Por último, veremos que como parte del éxito para perder los cinco kilos arriba mencionados, se deberá de seguir día a día el régimen alimenticio que nos hayamos puesto, así como la “rutina” de ejercicios que nos ayude a lograr el cometido en el tiempo determinado.

Ahora bien, y aquí es donde por fin entramos al meollo del asunto; para todas las actividades y sucesos que “debemos” de hacer para lograr perder peso, existe un número igual de actividades y sucesos que NO deben de ocurrir para lograr la misma meta.

Usted y yo no sólo deberemos de comer más verduras y frutas, sino que además de ello, no deberemos de comer comida “chatarra” o alimentos con un alto valor calórico, ya que de nada servirá que usted y yo pidamos una nutritiva y deliciosa ensalada, si para “bajarla”, nos empacamos una hamburguesa que utilizó media vaca en su preparación, además de incluir con ella papas, tocino, queso amarillo y un “mar” de cátsup.
En esa misma tónica, usted y yo deberemos de hacer ejercicio, digamos, caminar a paso rápido por lo menos cuarenta y cinco minutos diarios, ya que la mejor alimentación que podamos ingerir generalmente no bastará para perder el peso deseado en el tiempo previamente fijado, cuanto menos si en lugar de tener una vida activa uno se convierte en una máquina procesadora de desechos cuya única actividad, por lo menos en lo que irónicamente llega el distante futuro, sea la de tener que ir al baño.

Creo que con este par de ejemplos se entiende que la definición de lo que llamamos “futuro” es más compleja de lo que nuestra imaginación y Hollywood nos dice.

Una vez explicado esto, pasaremos a mencionar brevemente otra extraña característica que también tiene su otro “lado” o contraparte, misma que se involucra directamente en la ecuación cuando alguién o algo quiere predecir o “fabricar” un futuro que se declare a sí mismo como “mejor”.

Cabe mencionar que también podremos observar que estas “anomalías” temporales nos presentan nuestra segunda paradoja de “tiempo”.

Probabilística y Causalidad.

Cuando planeamos o queremos llevar a cabo una serie de acciones que nos lleven a un futuro o meta determinados, debemos de tomar en consideración que tan “probable” es el futuro que nos hemos imaginado. En otras palabras, si usted y yo nos hemos propuesto obtener el físico que tan explotado es en el medio de la farándula en un periodo no mayor de dos meses, encontraremos que las “probabilidades” de que esto suceda son realmente nulas, por no decir patéticamente inexistentes.
Esto es, si queremos tener el cuerpo que Sylvester Stallone tuvo en sus años mozos con tan sólo una buena alimentación o un poco de ejercicio, y para colmo queremos tener todo esto en tan sólo dos meses, las probabilidades de éxito sólo serán contempladas seriamente como tales por los imberbes y los maniáticos.

En la misma tónica, si los mexicanos queremos que nuestro país en el curso de un año, o cinco, o diez incluso, se convierta en un país con el nivel de vida, la infraestructura, la educación y las leyes de un país europeo o del “primer mundo”, las probabilidades de que esto suceda sólo podrán ser seriamente contempladas por ingenuos y soñadores.

De ahí que la planeación de un mañana, ejercicio que nos compete a todos los mexicanos que amamos nuestro país, deberá de tomar en cuenta la situación real así como los recursos y las herramientas disponibles que se tienen en México, y con base en ello, desarrollar una serie de pasos y acciones que nos lleven hacia “pequeñas” metas que tengan una alta “probabilidad” de éxito.

Ahora es el turno de la Causalidad para entrar en acción.

Cuando usted y yo estemos practicando un régimen alimenticio, podemos controlar lo que comemos, pero no así lo que está fuera de nuestro “dominio” o zona de acción.

Esto es, usted y yo podemos evitar el comer una colosal hamburguesa con tan sólo un poco de fuerza de voluntad, pero no podríamos evitar que al salir del restaurant, y debido a un descuido, un camión de la ruta 632 nos deje “untados” sobre el pavimento como mantequilla encima de pan.
La Causalidad rige aquello que es indeterminable e incalculable, o aquello que comúnmente conocemos como “accidental”.
Usted y yo podemos estar siguiendo todos los pasos para perder nuestros cinco kilos de más, pero no importa lo bien que lo hagamos, no podremos evitar que un cometa se estrelle con el planeta, aniquilando toda forma de vida, y por ende nuestros deseos de ser esbeltos.

De igual manera, en México no podemos evitar el flujo en los mercados económicos del mundo o una crisis global, económica o pandémica, que tenga influencia en todas las naciones del orbe.
Lo que si podemos y debemos hacer es nutrir y fortalecer la economía mexicana, o los protocolos y sistemas de respuesta de las autoridades de salud del país, para que cuando llegue lo “accidental”, las repercusiones no sean devastadoras para los mexicanos.

Habiendo puesto más o menos claro lo que es “posible” lograr contra lo que es “inevitable” que suceda, ahora podemos comenzar a vislumbrar el Estado-Nación de futuro.

Primero que nada, tenemos que ver que tipo de mentalidades y características tenemos más o menos “seguras” los mexicanos, para que después de este recuento, sepamos cuales debemos de mantener y cuales tenemos que eliminar.

Ahora bien, si “suponemos” que México siga el rumbo que hasta ahora gobernantes idióticos y mexicanos apáticos hemos permitido que siga, a fuerza de ser honestos con nosotros mismos, el Estado Mexicano que se vislumbra es un estado en el cual constantemente estará aumentando la presión y la animadversión entre pueblo y casta gobernante. Así mismo, se entrevé un Estado Mexicano donde los impuestos, y en general las normas creadas por el gobierno serán, a causa del antagonismo generado, cada vez más ignoradas y desatendidas, añadiendo con esto al deterioro paulatino de los mecanismos que propicien el desarrollo político, social y económico, por nombrar algunos.

El peligro más grande de dicho fenómeno sería la reacción en cadena, o lo que es igual, la “inercia” generada.
Si el pueblo mexicano comienza a ignorar los mensajes que gobierno e iniciativa privada emitan al respecto de diversos temas, algunos de gran importancia y otros no tan importantes, esta apatía se generalizaría hacia otros temas con un valor fundamental.
Por ejemplo, si algún hombre no gusta de ver una telenovela mexicana, será en extremo raro que disfrute una venezolana o una brasileña. Lo más probable es que dicha persona odie todas las telenovelas en general; así mismo, si una mujer detesta que su pareja maneje a exceso de velocidad en su coche, será muy extraño que dicha persona guste de la velocidad en motocicleta, o en patín del diablo; a ella le disgustará la velocidad en cualquiera de sus formas.
En este mismo tenor, de un mexicano que ignore las normas hacendarias o las leyes de tránsito, lo más probable será esperar que no se preocupe por la ecología o por la pobreza.

Esta olla de presión encontraría un rápido límite entre lo sostenible y lo expandible, siendo el futuro más “probable” un colapso en el sistema de gobierno mexicano, que como efecto dominó, arremetería contra la economía, la salud, la educación, entre otros.

Ahora emerge la pregunta:

¿Es este el único futuro, o el futuro más “probable” de nuestro país?

La respuesta, como nos indica la Causalidad, es que no.

Si, como en el ejemplo del régimen para perder peso, hacemos una combinación de factores y medidas (acciones), con una “encadenamiento” a corto y mediano plazo (metas), un “mañana” mejor llegará después de muchos “hoy” de lucha y esfuerzo.

Si en nuestro país se le diera un poco más de importancia al desarrollo y a la tecnología, por citar un ejemplo, México estaría paso a paso mejorando a través de la famosa creatividad e “inventiva” de todos los mexicanos, elementos que topamos en la vida diaria de nuestra bella nación.
Ejemplos de esto se pueden invocar rápidamente, como en el caso de la televisión a color, o del primer trasplante de corazón del continente; desde el desarrollo de insulina artificial, hasta la creación del segundo vehículo solar más rápido del mundo, entre muchos otros.
Ahora bien, después de muchos “hoy”, el “mañana” en el cual los mexicanos comenzarían a sentir orgullo por las ideas y el desarrollo de sus conciudadanos en distintos campos de la vida, también podría provocar un efecto dominó, pero este expresado a través de un sentimiento de “posibilidades” ilimitadas en acciones o menesteres nunca antes anticipados.

En otro ejemplo más si desde el día de hoy, poco apoco y a través de la organización y el trabajo arduo, las leyes hacendarias y de recaudación se revisan, se arreglan y se pusieran en práctica a través del primordial ejemplo de las castas gobernantes, después de un cierto periodo de tiempo, el pueblo mexicano recuperaría la confianza, primero en sus dirigentes, para luego recuperarla en sí mismos, añadiendo con esto “probabilidades” nuevas e interesantes.

Por último, pensando en un futuro brillante, todos los mexicanos tenemos la “curiosa” capacidad de entrever un México deslumbrante, destacado en América Latina y renombrado en el resto del mundo.
O, acaso usted nunca ha escuchado las frases: “En México somos bien fregones…”, o tal vez… “Como México no hay dos…”.

Si habremos de ser honestos, poco nos costaría imaginar un México donde la cultura retome nuestro gran legado indígena, sabiduría perenne que erróneamente tenemos “guardada” en pequeños terruños por todo el país; un México donde la basta e increíble diversidad ecológica sea respetada y aprovechada con sustentabilidad y eficacia, un México donde las oportunidades lleguen a la basta mayoría, que a fuerza de saberse orgullosamente mexicana, se preocuparía por aquella minoría sin facilidades; un México donde se premie la congruencia y el valor cívico y en donde el menos afortunado sepa que no está solo, por el simple hecho de ser mexicano.

Terminaré esta disertación, para beneplácito de los pacientes lectores estoy seguro, resaltando que el hecho más insólito al planear el futuro es comprender que sin un esfuerzo “hoy”, no importa mucho el “mañana”.

“No vivas en el pasado, ni sueñes con el futuro; mejor concentra tu mente en el presente”.
Buddha.


Gracias.

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