jul
12
Nuestro país ocupa una centésima parte de la superficie terrestre del planeta.
julio 12, 2011 | Escribe un comentario
Nuestro país ocupa una centésima parte de la superficie terrestre del planeta.
Por: Noé Toledo
Casi tres cuartas partes de la superficie nacional están cubiertas de vegetación cambiante, ya sea en la confección de mágicos y bellos bosques, como vibrantes selvas, o como silenciosos y reconfortantes desiertos, en donde se desarrolla una diversidad biológica extraordinaria y en donde también, para bien o para mal, habitamos millones de mexicanos.
Estos recursos naturales son neurálgicos y de gran importancia para las economías regionales y, por consecuencia, para la nacional, tanto por los ingresos y los empleos que generan, como por la obtención de muchos insumos básicos que se utilizan para la producción de numerosos artículos de uso cotidiano para la población.
En la actualidad, uno de los desafíos más importantes es mantener la cobertura forestal del país y, todavía más, recuperar superficies arboladas que se han perdido a lo largo de las últimas décadas por diversos factores, como puede ser el cambio de uso del suelo a favor de las actividades agropecuarias, o la expansión de las áreas urbanas y las vías de comunicación.
Recientemente la Comisión Nacional Forestal, (CONAFOR), indicó que constantemente se promueve la restauración de áreas degradadas como una estrategia integral para recuperar terrenos forestales. Así mismo, instancias gubernamentales y civiles trabajan para aminorar las causas de la degradación de los ecosistemas forestales, y la subsecuente destrucción de especies animales dependientes de estos ecosistemas, la mayoría de las cuales derivan del crecimiento de la población y de la falta de una cultura de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente en todas sus formas y expresiones.
A poco más de cinco décadas de la instauración del Día del Árbol y la “Fiesta del Bosque”, promulgados por Adolfo López Mateos en 1959, México debe ratificar y hacer efectivo su compromiso con la conservación, fomento y aprovechamiento sustentable de los recursos forestales, (y naturales en general), por ser estos el hábitat de una extraordinaria biodiversidad, por los beneficios económicos y productivos que ofrecen al país, y por las funciones ambientales que realizan para la conservación del suelo, el mantenimiento del ciclo hidrológico, y en general, la vida en el planeta.
Parece increíble que a 50 años de haber sido publicado el decreto presidencial que constituyó estas festividades, la población de nuestro país todavía no se interese directamente en la conservación y el cuidado del medio ambiente, si no es más que por una moda pasajera que sirve para que pseudo-eruditos de opereta puedan conquistar a bellas “hippies” del nuevo milenio, o por ingentes y numerosas familias que buscan rentar una “cabañita” en algún bello paraje mexicano para poder entrar en contacto con su “espíritu ecológico”, y de paso dejar un pequeño y ordenado muladar como prueba inequívoca de sus días de descanso; el nuevo “grafiti” del mexicano no es pintado en paredes, sino dejado en la forma de pañales sucios y bolsas de basura.
Esta “indiferencia ambiental”, por llamarle de alguna manera, en fechas recientes se ha relacionado más con cuestiones económicas en los países en “vías de desarrollo”, (relación destacada, curiosamente, por estos eruditos de pacotilla), ya que de acuerdo a ellos no existen, o si existen todavía no son eficientes, los mecanismos sociales y económicos que le permitan a estos países, como aquellos en Sudamérica y Asia Oriental, dar ese “salto” sociocultural hacia el cuidado de la biodiversidad sin poner en riesgo el flujo económico que los sustenta.
Esto se pone de manifiesto por vergonzosas encuestas, (aunque me pregunto a quién le da pena), realizadas recientemente en donde se indica que México, como país, ocupa el segundo lugar a nivel mundial en deforestación y en la tala indiscriminada de especies arbóreas.
En el “Manual Para Reverdecer México, Zonas Urbanas y Semiurbanas”, se da a conocer ligeramente, y no con mucha avidez por la difusión, la gravedad del problema.
Una estimación histórica de la deforestación en México, señala que originalmente existían 98 millones de hectáreas de superficie arbolada a principios del siglo XX; para el año de 1950, ya habían disminuido a 78 millones y para el año 2000 a 54 millones de hectáreas, lo cual deja de manifiesto no sólo la urgente necesidad de solucionar este problema, sino la inmensa responsabilidad que tarde o temprano todos los mexicanos tendremos que afrontar en lo referente al cuidado y conservación del medio ambiente.